Reflexiones en tanga
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El fin de semana fui a la playa y me llamó la atención algo muy simple: el mar no intenta impresionar a nadie. Está ahí, tranquilo unos días y revuelto otros, pero sigue siendo el mar. Pensé que muchas veces nosotros hacemos lo contrario, tratando de demostrar todo el tiempo que valemos algo.

Creo que una de las cosas que más afecta la autoestima es compararnos. Siempre hay alguien con más dinero, mejor cuerpo, más seguidores o una vida que parece más interesante. El problema es que cuando te acostumbras a compararte, nunca ganas, porque siempre habrá alguien que parezca estar mejor.

Sentado viendo las olas, también pensé que a veces somos demasiado duros con nosotros mismos. Un error, una mala racha o un objetivo que no salió como esperábamos puede hacernos sentir que no somos suficientes. Pero una mala semana no define a una persona, igual que una sola ola no define al mar.

Al final me fui de la playa con una idea sencilla: la autoestima no es creerte mejor que los demás. Es reconocer que tienes valor aunque no todo esté saliendo perfecto. Porque la vida sube y baja para todos, y aprender a llevarte bien contigo mismo hace mucho más ligeros esos cambios.

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